Reseña «Los recodos del silencio», Antonio Ostornol

Por www.loqueleimos.com

Ya a partir del título Los recodos del silencio podemos vislumbrar algo de lo que nos encontraremos en las más de doscientas páginas que conforman esta novela. Espacios, silencio, tal vez ciudad.

Y es que en un período de nuestra historia en el cual tanto se calló, son las ciudades mismas las que hablan por nosotros, las que funcionan –y seguirán funcionando– como testimonio del pasado. Sucios muros, oscuras esquinas son capaces de absorber la historia, pero no esa Historia con mayúscula, sino aquella que sucede al hombre en su individualidad.

En Los recodos del silencio pasado y presente se unen en sus distintas dimensiones gracias a la persistencia de estos espacios y, por consiguiente, de la memoria. Tanto en la narración en primera persona de Alejandro Palacios, joven ingeniero que se reúne con sus excompañeros del colegio, como en la desafortunada historia de Manuel, profesor de Alejandro en su etapa escolar, los espacios cumplen la misma función.

Comenzando por el diario mural que Alejandro y el resto de los integrantes del Grupo Taller Nueva Cultura idearon en la escuela, como un esfuerzo por manifestar de forma concreta sus ideas que con el paso de los años se transformaron en ideales. Luego, la misma escuela tras el Golpe se convierte en portadora de ese silencio que se vuelve tangible: “silencio físico, material, concreto, edificio de escuela, mausoleo testificador del silencio que inunda las calles”.

Tenemos también la historia de Manuel, profesor cesante, impedido de ejercer su profesión, condenado a tramitar por años su jubilación y hundido en la miseria total tras la muerte de su esposa. La casa, sus paredes, grietas y manchas, serán las encargadas de hacer perdurar en el tiempo, en la memoria de Manolo, los quejidos de dolor de su esposa enferma y por los cuales sus amigos le ofrecen ayuda que por orgullo él rechaza:

Para que olvides, para que puedas convivir mejor con los quejidos y no los sientas ni los escuches ni los veas en las paredes y en el piso y no se te alojen en los músculos de los brazos ni te ahoguen el pecho para que puedas aceptar la miseria y la mala suerte, Manolo….

Dictadura, espacios y memoria, son temáticas que no pierden su vigencia, pues en la narrativa chilena siempre han tenido su sitial. Solo a modo de ejemplo, nos encontramos con El jardín de al lado de José Donoso, publicada justamente el mismo año que Los recodos… y que, cabe mencionar, funciona como una especie de espejo de la novela de Ostornol, pues muestra el conflicto de un artista en relación con la memoria, pero en el exilio, a diferencia de Los recodos…, que cuenta la historia de aquellos que permanecieron acá.

Por otra parte será Jorge Edwards en El sueño de la historia, publicada en el año 2000, quien volverá a tratar las temáticas antes mencionadas, relacionándolas con el día y la noche, la luz y la oscuridad, lo dicho y lo silenciado, tal como lo hiciera unas cuantas décadas antes Antonio Ostornol en Los recodos del silencio:

Se alejan hacia la luz, distanciándose, perdiéndose, dejándonos solos, muy solos, entre la luz y la oscuridad, la noche que es más noche, más terrible, degenerada, pervertida, corrupta, pero solos es más grande, más pétrea, pesada e ignota.

En esta novela no solo los espacios hacen recordar, impiden –casi a gritos– olvidar, sino que también los innumerables papeles que Manuel acumuló durante años y que entre tanto polvo y paso del tiempo, contenían sus frustraciones, cartas no enviadas, en fin, todas aquellas palabras que con nadie quiso compartir. Antonio Ostornol, por suerte, sí compartió con su generación parte de su historia, la de Alejo, Paula, Manolo, y hoy, a treinta años de su primera edición, con todos nosotros.

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  • Título:

    Los recodos del silencio

  • Autor:

    Antonio Ostornol

  • ISBN:

    978-956-317-138-9

  • Precio:

    $9.000

  • Stock:

    5



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