Entrevista a José Ángel Cuevas sobre su último libro «Capitalismo tardío»

     

Por Denise Madrid

«Quiero tener esperanza», nos confiesa el poeta José Ángel Cuevas, conocido por todos simplemente como “el Pepe Cuevas”, quien nos presenta su nuevo libro Capitalismo tardío, que acaba de publicar Editorial MAGO y que espera su lanzamiento para el próximo jueves 23 de enero a las 19 hrs. en el marco de la 11ª versión de la Feria del Libro del Parque, la que este año se trasladó a la comuna de Providencia. Un escenario al aire libre puesto en medio del Parque Balmaceda, espera la llegada de poetas y escritores para su encuentro con el público estival.

Coméntenos sobre el título de su última publicación…

Mira, en un sentido me gusta centrarme en la realidad, pero también en las fases que va viviendo lo social. Tengo claro que después de que fueron derrotados los intereses populares en todo el mundo y de haber sido mal gobernado el socialismo, el capitalismo se acentuó muy fuertemente. La gente está totalmente metida en el consumo, no hay esperanza y los que mandan son los mismos de siempre. Estamos viviendo ese período que se llama capitalismo salvaje o tardío, desde el punto de vista histórico.

¿Qué rasgos son propios de este Capitalismo tardío?

Capitalismo tardío se trata de hacer hablar a personajes que tengan que ver con esta fase de la que te hablé recién. En especial tipos jóvenes, tatuados, rapados, en este mundo derrotado, de pueblo sin pueblo que es el Chile actual. También hago un homenaje a los grandes escritores nacionales y, en la tercera parte, reflejo toda la problemática económica que uno vive, los endeudados, las personas que quieren tener tarjeta, los que están en Dicom, los grupos económicos, en fin. Se refiere a una vida muy concreta, intento abordar al personaje desde un espacio muy cotidiano.

Me interesa mucho Chile porque participé activamente en la lucha por el pueblo cuando se nacionalizó el cobre, cuando se hizo la Reforma Agraria y los trabajadores eran los que dirigían las fábricas. Pero yo me di cuenta de una cosa sobre Chile: los chilenos quedaron muy levantados, muy felices cuando ganaron la guerra, una guerra donde le ganaron a Perú y a Bolivia –ayudados eso sí por Gran Bretaña– y se quedaron con un pedazo de Chile lleno de riquezas, de salitreras y todo eso los infló, se sintieron todos capos, sobre todo la burguesía. Pero después en esos mismos años, cuando empezaron las salitreras en el norte, empezó la lucha social a través de Recabarren, del Partido Comunista. Entonces ahí ya fue otro Chile, ese Chile que empezó en los años 20, con las luchas obreras, la conciencia social y los partidos, se terminó el 73. Y luego, del 73 en adelante, hemos vivido otra cosa. Ese es el cuadro histórico que yo me hago.

¿De dónde nace su autodefinición como ex poeta?

En un momento de mi escritura yo me di cuenta de que el poeta era el que había forjado esperanza, ilusiones. El poeta es el que había ayudado a crear un destino, un sentimiento de país, fundamentalmente de país. Todas esas esperanzas fracasaron. Me refiero a Neruda, a De Rokha a los grandes poetas. Entonces yo dije no soy poeta porque no tengo ninguna esperanza, ni sueños, ni nada. No –como por ejemplo– en el Canto General.

Me gustó esa forma de desestructurar, de no ponerme como poeta, sino como ex poeta y hacer un personaje. El personaje ex poeta es como el boxeador que peleó toda su vida y ya colgó los guantes. Pero en realidad es un juego y sigo luchando contra la palabra y luchando por armar, porque de todas maneras el poema es un armazón, es como hacer una casa, que debe tener cimientos, estructura. El poema es un armazón de palabras.

Leyendo sobre su biografía me encontré con esta frase: Su poesía se la considera eminentemente urbana, de denuncia, donde resalta la indefensión del individuo respecto a la automatización de la sociedad que va perdiendo paulatinamente sus lazos de lealtad y adhesión y se va transformando, cada vez más, en un espacio despiadado y hostil. ¿Está de acuerdo con esto, en qué medida?

Exactamente eso es. Esta es una lucha por lo humano realmente, es una lucha ética. Claro que soy mal entendido y mucha gente me dice: Ah, qué poesía más deprimente, más sin esperanza. Pero una vez, cuando conocí a Zurita y me hice amigo de él, me dijo: no Pepe, todo lo contrario, tu poesía justamente está llena de amor, lo que reclama es eso, la falta de unidad entre las personas, la falta de cariño, la crítica al individualismo. Como te decía, el capitalismo tardío hace que todos estemos atrapados en tener, comprar, en el individualismo más atroz y no en eso que viví yo que era la solidaridad, el grupo, la hermandad. En las poblaciones eran todos amigos, por ejemplo, hacían fiestas comunes, había otro sentimiento social que murió. Yo estoy a favor de la comunicación, de la amistad.

¿En su interior, cree que hay alguna esperanza?

Mira yo vi a los estudiantes que salieron a luchar y que lo hacen por intereses bien concretos. No es una lucha ideal, así teórica, sino que luchan porque quieren, porque los grupos económicos roban. Ahí yo vi una esperanza. He visto gente (por ejemplo estos cuatro cabros del movimiento estudiantil que ahora son diputados), y tengo esperanza en ciertas personas, en ciertos grupos que siguen luchando. Además la sociedad es algo tan complejo, como decía Nicanor, la sociedad es como un gran animal que se va amoldando a sí mismo, no es tanto así que la vayan a dirigir desde fuera, como se quiso hacer en la Unión Soviética por ejemplo… yo quiero tener esperanza.

¿Cuándo empezó a escribir?

Empecé a escribir de niño, cuando vivía en la calle Rosas y miraba el cielo… Yo era un cabro y lo pasaba mal porque mi papá era un tipo violento. Él vivía en Argentina, su mamá murió y quedó solo. Así que inventó el trabajo de arreglar máquinas de escribir. Se vino a Chile, arrendó una casa en Rosas y la convirtió en un taller, lleno de máquinas, lleno de tornillos y cuestiones, y yo empecé a trabajar ahí. Conocí las fábricas desde chico, trabajaba en molinos, porque era ayudante de él. Mi papá nos aforraba un montón a nosotros, entonces me arrancaba y salía a vagar… y vagaba y ese era mi mundo y leía también.

Como a los 11 años me hice socio de la Biblioteca Nacional y pude sacar libros de todo tipo. Y pensaba y leía, porque sufría mucho. Pero después me fui haciendo más rebelde en el Liceo Amunátegui: era cimarrero, rocanrolero, y ahí cambié, pero toda esa experiencia anterior me sirvió. En ese tiempo sufrí, pero luego me di cuenta del valor de eso, porque yo conozco la realidad mucho más que otros. Había amigos míos que no sabían ni freír un huevo, y nosotros –como mi mamá estaba siempre enferma– nos hacíamos la comida desde niño. Desde los 6 años sabíamos hacer todo. Entonces me subjetivé mucho y me hice muy lector, empecé a reflexionar y a soñar.

Y cuando creció, ¿qué pasó?

Después en la vida hay un paso, también me hice medio choro y además pasamos por muchos barrios. Mi papá como era arribista, se compró una casa en Las Condes y vivimos allá como 20 años. ¡Otro mundo! De cuicos que me caían mal, pero después me adapté y conocí gente súper interesante, por ejemplo, cabros que murieron en La Moneda. He conocido todo ese Santiago. Después de casarme me fui a vivir a la Villa Olímpica y ahí vino el golpe y estuve preso. Después del golpe vino otra vida. Ahí empecé a escribir, empecé a captar la poesía… un gran filósofo chileno, uno que murió joven fue Patricio Marchant. Este gallo hizo un estudio sobre Gabriela Mistral, estudió América y sacó la idea de que en América no hay filosofía, pero sí hay un pensamiento, y ese pensamiento está presente en la poesía. Ponía de ejemplo el poema El árbol de la Gabriela. Él lo ve psicoanalíticamente como la necesidad de algo a qué agarrarse; que nosotros, en nuestra orfandad, andamos buscando algo a que agarrarnos. La poesía es la verdadera filosofía de América. La poesía es algo verdaderamente grande en Chile.

¿Cómo fue su experiencia como profesor de filosofía?

¡Bonita también! Fui profesor 20 años y luego fui exonerado, me tocó trabajar con cabros de La Victoria, de San Miguel. Había cariño, me decían: oiga profe, sabe que tengo un hermano enfermo, ¿por qué no va a la casa? (risas)… ahí trataba de ayudar, me tomaban como psiquiatra… y también se comunicaban, me contaban sus cosas y me pedían consejos. Así que fue muy lindo, a pesar de que los profesores fueron aplastados, y limpiaron el piso con la dignidad del profesor. En el liceo B113 de Avenida La Feria éramos como ochenta, la mayoría eran cobardes –bueno, estaban asustados, o si no perdían la pega– y de esos sólo tres personas fueron capaces de hacer una revista clandestina. Estábamos al lado de la población La Victoria, imagínate, ahí se formó el Frente Patriótico. Fue un momento de lucha muy grande. Son tiempos heroicos, metidos en una dictadura espantosa, sacando gente, asesinando, torturando, y los otros luchando con las armas en la mano.

 ¿Qué rescata de la generación actual?

Lo que yo rescato es que son patúos. Hablan fuerte, no les importa nada. Son individualistas sí, pero no tienen miedo. Tengo confianza en ellos.

[Foto: © Denise Madrid]

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  • Título:

    Capitalismo tardío

  • Autor:

    José Ángel Cuevas

  • ISBN:

    978-956-317-219-5

  • Precio:

    $9000

  • Stock:

    20



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