Reseña «Miltín 1934», Juan Emar

Por Luis San Martín, www.loqueleimos.com

¿Has visto alguna vez en el campo a mediodía una ampolleta eléctrica encendida?

 Yo he visto una. Es uno de los malos recuerdos de mi existencia.

Así como la frase de arriba, así, tan extraña, incomprensible, pero a la vez repleta de un sentido que no se quiso decir. Así, polifónica, concertante, desconcertante, incontenible, contenible, angustiante, liberadora e irrisoria de lo presuntamente serio… dicho en clave poco seria. Así, atrapante, esquizoide y atractiva; así —tan difusamente— es la literatura de Juan Emar, escritor chileno cuyo verdadero nombre fue Álvaro Yáñez Bianchi, quien fuera, además, hijo de Eliodoro Yáñez. En fin, un autor que, con su pseudónimo, se vio en la necesidad de contarle a todos los que lo leyeran algún día que “estaba harto” (J en ai marre: expresión francesa que denota hastío). De forma que este libro suyo, escrito en 1934, como delata su título, y que se lanzó hace apenas un mes y medio, es una reedición de una especie de novela experimental cuya circulación es, hasta ahora, nula en Chile y, como es obvio, en el mundo entero. Parte hablando de Martín Quilpué, un hombre que camina bajo el sol y que desparrama líquidos espesos para luego rebotar en ellos, inverosímilmente. Un ser humano que adora escabullirse en las malezas de lo escondido. Después de esto, habla de abejas de lugares de fiestas de gritos de mujeres de vírgenes. Después sigue hablando de más seres más excéntricos: Naltagua, su amigo, el capitán Angol, Rubén de Loa, Tomás Copiapó, etc., quienes curiosamente tienen, como apellidos, nombres de poblados de Chile.

Pero en el medio del libro comienza a hablar del cacique Miltín, cuya historia da origen al título del texto: un indio que llora sin razón en un cerro de provincia y que trató de defender a su pueblo de los conquistadores españoles por medio de bombas… ¿lacrimógenas? Una historia realmente alucinante que despierta —no es mentira— pensamientos que son probablemente casi inéditos. Y de allí en más se dispara en la escritura más meta, más caótica que probablemente se ha escrito en estas longitudes ladinas.

Sin embargo, desde un principio se empieza a notar la hermética intención del libro. Hay palabras para las matemáticas = risa en la cara de las matemáticas; para la  geometría ∆ risa en la cara de la geomería; para la astronomía ☼  risa en la cara de la astronomía; y desbande del discurso científico en pos de su destrozo. Hay también, en todo el cuerpo de los párrafos del texto, algo que trata ser un antitratado de estética, que se mofa de los tratados de estética demasiado graves. Pero por sobre lo dicho hay algo aun más importante: la crítica a los críticos, la crítica a la crítica de los intelectuales.

Se habla de Alone, el reconocido crítico de literatura chilena. Se le interpela directamente, diciendo que en su profesión solo se debe hablar de las obras que repugnan hasta más no poder o de las más brillantes, “y silencio sobre todo lo demás”. Es casi como si Juan Emar le estuviese diciendo a Alone a cada palabra suya: “—Oye, mira, encuéntrale un sentido a esto. Piensa en las lacrimógenas de los indios y en el llanto brutal de Miltín en Puangue. Piensa si puedes encuadrarlo, si puedes pintarle un sentido, si puedes criticarlo…”. Desde acá (considerando acá como algo totalmente imaginario) incluso el título mismo del libro toma sentido, pues es… realmente arbitrario. Después de leerlo, da la sensación de que hay que rogarle a los intelectuales que lo saben todo que dejen de hablar sobre el mundo, que por favor dejen hablar y reír último a Emar. Porque verdaderamente hay que escucharlo, porque, como dijimos, hace una crítica a los críticos a partir de ideas al azar, ideas totalmente inconexas que no tienen ninguna relación entre sí y que no nacen por ninguna motivación de índole intelectual, o por lo menos lógica. Pero que saludan diligentemente a la ironía.

—Ustedes, gente superficial, necesitaban ver. Nos­otros, que somos intelectuales, necesitábamos saber. Y te prohíbo, mujer, una sola palabra más sobre el asunto.

 

Naltagua a su esposa

Entonces, para el final, ¿qué es lo que tenemos en este libro? Después de todo, ¿qué es lo que tenemos? No lo sabemos muy bien. Es difícil. Solo podemos saber que se parece a algo así como una fractura. La fractura de la literatura, de la prosa. O tal vez la fractura de la mente de Juan Emar y el consciente y consecuente esguince intelectual de sus lectores.

Ahora bien, las únicas tres cosas que no dejan lugar a dudas son 1) el hecho de que esta reseña no dice nada sobre el significado de este libro, 2) que hay que leerlo, y 3) Sí o sí.

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  • Título:

    Miltín 1934

  • Autor:

    Juan Emar

  • ISBN:

    978-956-317-142-6

  • Precio:

    $10.000

  • Stock:

    5



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