«Escrito», de Andrés Morales (por Patricio Henríquez Lorca)

Andrés Morales, destacado poeta y académico ha publicado el año pasado Escrito, un libro que es innegablemente su obra maestra.

Recordemos que Morales, figura central de la lírica chilena contemporánea , publica su primer poemario en 1982. Por ínsulas extrañas y ha continuado libro a libro hasta el presente, configurando una obra alejada de efímeras modas y que ha persistido en la reflexión sobre la literatura y los grandes temas de la existencia humana (muerte, amor, soledad, entre otros), bebiendo de la tradición grecolatina y árabe, como también de los grandes autores de los Siglos de Oro españoles y de los grandes poetas de la modernidad tanto de Europa como de América Latina.

Escrito, su último poemario, profundiza estas temáticas ya mencionadas, pero con una apuesta tremendamente arriesgada: darle la voz, o mejor, dicho la palabra escrita o esculpida a seres marginados por el poder o por su falta cultura (personas que no saben escribir). Es evidente que este ejercicio nos recuerde a Pablo Neruda en Canto General, sin embargo, en este caso el poeta no hablará por ellos, sino que les cede la palabra, creando así variados hablantes líricos. De esta forma encontramos, entre otros, a un cronista náhuatl, un escriba redactando la epístola de un emperador, un mester de clerecía traduciendo pasajes de la biblia, un analfabeto que le dicta una humilde y sincera carta a un escribano para su amada y un judío a punto de suicidarse.

Esta verdadera polifonía cobra una enorme verosimilitud al hacer convivir no sólo diferentes niveles y registros de habla y variadas tipografías, sino que en especial, porque este es un poemario multilingüe. Si bien, todos los poemas están en castellano, cuando el hablante se expresa en otra lengua encontramos su traducción a aquella. En consecuencia, conviven en el libro el latín, el alemán, el catalán, el francés y el coreano, además de nuestro idioma.

Podría pensarse, entonces, en un frío ejercicio intelectual, influenciado por el juego que suele realizar Jorge Luis Borges en sus obras narrativas. Sin duda que Andrés Morales ha utilizado los procedimientos del gran escritor argentino, pero con una intensidad emocional que sencillamente nos apuñala el corazón, nos remece el alma, nos quema la médula, porque estos sujetos líricos, estos pobres y desconsolados hablantes se encuentran solos en situaciones casi siempre extremas.
¿Cómo no sufrir con el judío que ha tomado la decisión de quitarse la vida y quiere registrar una suerte de despedida?

«(…) Pero entonces fue un verso la única manera
de no decirte adiós, de no decir te quiero,
de no compadecerme, de no culparte nunca,
entonces fue ese verso que abrió mi cráneo entero
como esta bala de cierta de plomo y no palabras: (…)»

¿Cómo no padecer con Hernando, el traductor de un fragmento de un «Apocalipsis hebraico» que descubre que no existe la eternidad, que esta vida es el «paraíso muerto» y el «infierno vivo»?

«(…) (Hernando ya no lee.
Hernando no musita.
Hernando es un gemido
que rompe las ventanas
y lanza su tintero,
que llora entre blasfemias,
que grita a sus hermanos,
que ruega por su vida. (…)»

El poeta ha logrado su complejo objetivo, como antes lo lograron T.S. Eliot y Ezra Pound, dos poetas que inevitablemente recordamos al leer este libro.
Si a todos estos logros de escrito le sumamos la armoniosa musicalidad, el ritmo tan preciso que tienen cada uno de estos 29 poemas, sólo quedaría decir que estamos ante una obra sencillamente demoledora y que no tiene precedentes en la poesía chilena. En esto concordamos totalmente con lo que Teresa Calderón afirmó en la presentación de este libro: sería una injusticia que este poemario pasase indiferente ante la crítica literaria, pues es todo un hito.

Gonzalo Rojas fue bastante profético en esta opinión sobre el autor de Escrito: «Andrés Morales no sólo es un poeta. Está condenado a ser poeta. Errando, errando, errando, hará lo suyo prefiriendo a los éxtasis el sacrificio… No yacerá en un libro como tantos. Crecerá, volará».

En efecto, Morales ha volado muy alto y sin que sus alas se quemen, y si bien, con este libro pasará con letras doradas a la historia de la poesía chilena, esperamos verlo elevarse aún más lejos. Andrés Morales demuestra que está en su plenitud literaria.

 

* Patricio Henríquez Lorca
Universidad de Chile
Doctor (c) en Literatura (Universidad de Chile)
Magíster en Literatura (Universidad de Chile)
Licenciado en lengua y literatura hispánicas (Universidad de Chile)
lopedevega81@gmail.com

Reseña publicada en el sitio www.escritores.cl

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