Entrevista a Carmen Berenguer, autora de «Venid a verme ahora»

Editorial MAGO presentará Venid a verme ahora, el próximo jueves 17 de enero a las 19.30 en la Casa del Escritor. Más que una antología con treinta años de trabajo poético, se trata de una lectura sometida al fino proceso de olfacción editorial. 

Por Grace Russell

El pasado primero de diciembre, la poeta y actual presidenta de la Sociedad de Escritores de Chile, recitaba Cuerpo Político en la 26º Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Vestida de negro y con su característica cabellera alba, desarrollaba una performance junto a Carolina Jerez – su hija- en el transcurso de una jornada de protestas mexicanas. A la misma hora, un grupo impugnaba la ascensión al mando de Enrique Peña Nieto. En medio de ese contexto, y sin sospechar  la astuta relevancia de esta suerte de sincronía política, la gran poeta chilena imponía su voz entre los presentes, a través de una organicidad, aún frágil, que se fortalece en el duro tratamiento de una de las enfermedades del siglo, como define al cáncer que aquejó su cuerpo, y que ha ido afrontado con una extraordinaria naturalidad y comprensión, desde una dimensión científica y humana. Así plasmó en su libro Maravillas pulgares, el periodo más agresivo de este mal, y que en Venid a verme ahora, cobra un sentido de recuperación.

-¿Cómo surgió la idea de publicar Venid a verme ahora? 

Máximo [González] me propuso hacer este libro en un momento mío bastante frágil. Y me propuso publicarlo. Es interesante cuando algunos editores hacen su propuesta de lectura. En esto, hay dos antologías que me han dejado bastante conforme. Una es Venid a verme ahora de Editorial MAGO, y otra que fue realizada previamente por Raquel Olea para la obtención del Premio Iberoamericano Pablo Neruda. En ambas publicaciones, hay un modo de lectura que ahí se expresa. Es una propuesta que se realiza al autor, por ejemplo, en  el poema Venid a verme ahora. Existen textos que no se han leído tanto y que los editores agregan a estas antologías de mi trabajo. Los reponen. Hay una cartografía que arman. Un mapa de lectura. Y yo estuve muy conforme con este mapa de lectura que me propusieron.
Tengo otro ejemplo de un gran editor como fue Francisco Zegers (Q.E.P.D), quien me publicó Sayal de pieles en 1993. Pues bien, él fue de esos casos de lo que significa ser un gran editor. Tomó el concepto del libro y lo trabajó de la cabeza a los pies, incluso en su instalación, expresada en una performance en el diario La Época, en la cual durante mi lectura todas las máquinas estaban operativas como ruido de fondo. Libro, éste, que exponía justamente el grado de incomprensión de lectura que se estaba dando en el país en ese momento, grado de incomprensión que se usa para desinformar.

-Uno de tus versos dice «la memoria es una muerte memorable», lo destaco de tu libro La casa de la poesía, incluido dentro de tu próxima publicación.

Y es verdad, ¿no? La memoria es una muerte memorable. Ahí trabajo con temas de la memoria, recuerdos, ciertos síntomas que plasmas en algún minuto de la vida. O ves. Como imágenes de tus abuelas o de tus tías. El tema es cómo tú transfiguras, o eres capaz de transformar esa memoria, a partir de algo que alguien dijo. Lo continúas o la puedes tergiversar. El  hecho de la repetición es como una foto. Se sostiene la memoria sólo por la memoria, por ese momento vivido. Y es frágil, en ese sentido. Es una muerte memorable.

-Cuando se lee ese verso, ocurre una reacción como lector, algo que se siente contenido, difícil de verbalizar, algo que habla de nuestro país.

Vivir del pasado, vivir de la memoria. Es lo que nos hace a nosotros. Si no tenemos eso, no tenemos historia. No tenemos vida. No tenemos nada. Entonces reponerla constantemente, actualizarla, verbalizarla o redecir. De ese modo la hacemos vivir en eso, la hacemos vivir en esa muerte.

-Desde tu experiencia, ¿cuales son las cualidades más importantes de un poeta?
La exigencia de un escritor es cultivar la escritura. No es fácil tener un distintivo. Al leer algo, sabes que eso que estás leyendo es de cierto autor. Ese es un estilo, eso es lo que hay que cultivar. Deleuze dice que hay que ser anoréxico en la escritura, eso significa ser económico, con pocas calorías. Eso es un estilo. Puede haber muchos estilos. Puede haber estilos que son guatones, gordos, grasosos, con harto contenido calórico. En la literatura chilena se ha cultivado mucho la idea de tener una voz. Eso viene de la propuesta del hablante, de lo que significa el hablante dentro del habla. Eso viene del habla pero yo trabajo muchas voces, diversos niveles del lenguaje. Y varias voces en la escritura. Por lo tanto, mis recursos son fónicos, y desde varios sujetos. En ese sentido, creo que es una metástasis orgánica de la escritura, lo cual quiere decir que hay muchos centros en ella.
Por lo tanto, desarrollar por medio de la repetición como aprendizaje ha sido para mí el desafío de escribir. Porque todos podemos ser escritores, pero no todos logran un estilo. La escritura como artesanía es muy minimalista porque se trata de repetir como un cuerpo biológico que se replica a sí mismo. Vale decir, se copia. Y nos pasamos la vida en eso, repitiendo nuestras mismas palabras a través de la de otros y otras.
Y para mí, este tema resultaba un desafío, porque me encontraba dentro de temáticas contradictorias en el lenguaje, temáticas que ya no me estaban diciendo mucho, por lo tanto, experimentaba un agotamiento de conceptos y palabras, como por ejemplo, por la represión que vivimos, como la palabra pueblo, compañero, upeliento, palabras que reconsidero importantes para nuestra memoria pero que en la misma práctica política habían dejado de tener existencia y contenido. Esa contradicción para mí fue muy importante como toma de posición en el lenguaje.
Y además en ese camino de indagación, advertí otro nivel de búsqueda, a partir del cuerpo en que uno se encuentra, que no es cualquier cosa. Los cuerpos tienen toda una historia, y a través de ella han sufrido sus marcas, sus heridas, sus yagas, las que han dejado huellas. Eso es cultural. En el cuerpo de una mujer, por ejemplo, hay una especie de diálogos de memoria, que culturalmente es distinta a la del hombre. Hay una formación cultural de educación represiva que nos hace distintos. Eso me interesaba indagar, a modo de exploración con el lenguaje y su experiencia corporal.

-¿Tienes algunos ejemplos de esto último?

Por ejemplo, Lezama Lima dijo que escribía en el pasillo de su casa. Escuchaba las voces de su madre, de su tía, de su abuela, y en ese coro, articuló su novela Paradiso. Otro ejemplo, es el «saloncito» o «las salitas de estar», como dice Tamara Kamenszain, poeta argentina, que escribió: «siempre tan callada, tan distante, la mujer estableció en el bordado, en el reverso de la escritura oficial, su puntada de hilo». Y esos matices que son propuestas, lecturas, siempre me quedaron dando vueltas, porque yo me formé en un coro de viejas. Pero también había voces masculinas. Aunque la formación mía y de todos, siempre está basada en un coro de señoras. No es como quedarte encerrada en esa matriz, pero es la base, y de esa base yo parto hacia afuera. Monica Vittig, poeta francesa y pensadora enuncia así su escritura: «Soy boca, mano, culo».

-¿Cómo escribes?

Soy una lectora fundamentalmente. Y escribo como lectora. En mis libros siempre hay una interpretación de lectura, y en esto, se espera que no se muestren las costuras. Y menos la hilacha. Siempre hay una lectura provocándome, sea ésta de algún acontecimiento callejero, político, del país, por ejemplo, sea personal. Me ayudan a reafirmarme, a equilibrar mi cabeza loca, mi caos. A ir más allá de lo que ya sé. No me guío metodológicamente por la cultura académica de ninguna manera, sino que por mis propias y personales percepciones e intensidades que pueda tener en el momento de tomar estos libros. Entonces me acomodo así, en una especie de archivero mío, personal, fragmentos, textos pequeños, y por otro lado, cosas, objetos, chayas y parranda, rituales paganos que la cultura me ha hecho mirar, como por ejemplo, la fiesta de los abrazos del partido comunista, la fiesta dela Tirana, la fiesta futbolera.

-Entre diversos temas de tu interés, en tu bibliografía, así como el hambre, está la prostitución.

La prostitución es una de las cosas más abyectas que hay en nuestras sociedades. Pero al margen de la prostituta. La prostituta es una persona que hace comercio sexual y que por razones económicas –y generalmente las razones son económicas- supone una abyección a la mujer. Yo no escribo sobre esto porque me seduzca la prostitución como tema, sino que lo hago, más bien, como síntoma cultural de ciertas épocas. En Naciste pintada fue tomado porque la sociedad había cambiado. Incluso escribí un texto que se llama Chile es otro, algo que ahora reescribí porque es algo que ya se ha instalado en nuestras cabezas. Entonces ocurrió una gran transformación en la sociedad chilena, tanto arquitectónicamente como en su transfiguración visual, y, desde luego, también en su interior. Hubo cambios, y se daban a partir de síntomas pequeños. Como por ejemplo, que la prostitución se fue ejerciendo en distintos lugares y eso modificó su manera de ejercerla. De la casa, pasó a la discoteque, cafés con piernas. Me interesaba la simulación, además de que escondía una forma y un trato aberrante hacia las trabajadoras sexuales. Es decir, me interesaba por la transformación de la sociedad chilena que se expresa también en estos lugares, y se transformaba también a través de la transacción económica con el comercio sexual. Y el trato con el comercio sexual. En ese sentido lo tomé. Como tema, no es una obsesión, sino una mirada más de las otras transacciones que se están llevando a cabo. Como igualmente podría hacerse con la transacción económica versus educación.  Es decir, todo lo que significa un nuevo trato económico.

Agregar un comentario


  • Título:

  • Autor:

  • ISBN:

  • Precio:

    $

  • Stock:



MAGO Editores Merced Nº 22 Of. 403, Plaza Italia, Santiago, Chile | Tel/ Fax: (56-2) 26645523 – 26386605 | Correo electrónico: prensa@magoeditores.cl