Entrevista a Gerardo Soto Araya: “Quería echar a andar a estos dos hombres víctimas de la vida, y jugar un poco con la emotividad de quien lo leyera”

Con 30 años, se adjudicó la Sexta Versión del Premio Novela 2012 de MAGO Editores, con un sugestivo y reflexivo trabajo literario. Su novela «Fractura», un cuerpo narrado desde el entrecruce de dos humanidades, aborda precisamente la temática de lo humano, subyacente búsqueda de aquello que tanto ha interesado y movilizado al escritor.

No por azar la preparación literaria de su novela supuso Dostoievsky, Tolstoi, Chejov, Kafka, Nietzsche: referentes psicológicos y filosóficos de la volición humana. En estos días, trabaja en dos novelas inéditas, y diversos referentes nacionales han entrado en la lógica de su particular visión de la literatura y, por qué no, de la vida misma: Óscar Castro, Nicomedes Guzmán, Marta Brunet. Más que la estructura dramática, a Gerardo Soto le conmueven las (im) posibilidades de cada personaje, y narrativamente, los acontecimientos trágicamente inevitables. Del abogado de profesión emerge un impersonal creativo que metódicamente ordena sus lecturas y traza caminos. Acaso, los mismos de sus personajes, a los que dice plagiar a veces con los años. Es co-creador de www.loqueleimos.com un medio de reseñas literarias. Y en su breve prontuario literario encontramos una mención honrosa en el concurso de microrelatos Santiago en 100 palabras, con « Inquietud nocturna», y en 2009, la publicación del cuento « El angelito» en la antología ParqueMerced de nuestra editorial.

-Escribir es suerte de memoria e imaginación combinadas, ¿en qué proporciones esa mezcla coexiste en los hilos narrativos de tu novela?

No sé hasta qué punto sea la memoria, en mi caso en particular, un patrón relevante en la escritura de «Fractura». Le asigno una importancia más bien marginal. Sí se encuentra como referente abstracto, como situación que emerge del recuerdo de sensaciones más que de situaciones, más de climas que de hechos pasados que realmente haya conocido. Y, desde otro punto de vista, esas sensaciones sí están muy latentes en la novela, de una manera que me costaría mucho explicar. Están, por ejemplo, en una impresión de humanidad, de absurdo y de falta de autodeterminación, y al mismo tiempo de cariño por nosotros mismos, como hombres y mujeres. Está esa contraposición que redunda en la carencia de un único parámetro conciliador, es decir, en una especie de inconsecuencia en nuestros mismos actos que es tan propio, y que de pronto pareciera que nos define como humanidad; todo lo que he aprendido directamente de mis experiencias personales, y que se reflejan en las escenas que creo no son, al menos en «Fractura», recreación directas de hechos vividos. Diría que se impone rotundamente la imaginación, y en mi caso y por lo ya dicho, una imaginación que se inclina hacia lo doméstico, a lo que ocurre día a día, jamás a las grandes proezas, sino que a los yerros humanos, a los sufrimientos íntimos, a todo aquello de por ser tan poco grandilocuente, es justamente con lo que convivimos a diario. Lo contrario, como temática, me parece muy poco interesante.

- ¿Qué importancia merece el azar en tu proceso creativo, y a su vez, como tema literario en «Fractura»?

La idea original de cualquier texto que escribo siempre emerge de manera más o menos azarosa, simplemente llega muy distante desde donde yo pude haber pretendido buscarla. Pero a priori diría que cabe muy poco el azar en el proceso de materializar dicha idea original. Claro, la idea matriz no abarca ni remotamente todos los aspectos que cubre el esfuerzo que desarrolla un texto de la extensión de una novela, y ahí es donde la creatividad liberada va tomando el timón.

Tengo una vida sumamente normal; trabajo para vivir como casi todo el mundo, y cumplo obligaciones (que a veces quisiera evitar), como casi todo el mundo. Pero cuando me embarco en el proceso creativo claramente sufro una especie de disociación entre todas aquellas cosas que hago en el día a día, de manera muchas veces mecánicas —habituado por la costumbre y la repetición—, y mi cabeza que no se detiene en ningún momento en avanzar en ese proceso creativo que luego se plasma en el papel. Es tan así que en más de alguna ocasión, visto en retrospectiva, me he dado cuenta que en mi vida cotidiana he plagiado a alguno de mis personajes, me he robado alguna de sus actitudes o de sus líneas o de las ideas que los mueven en el momento… y sucede así precisamente, del papel lo absorbo hacia la cotidianeidad, y no viceversa como sería muy lógico. No sé si toda esa parte del proceso, que en mí es una parte muy importante, que completa la historia, la viste, indica los caminos por los cuales pretendo llegar a los desenlaces insinuados o, al contrario, busca esos caminos para descubrir el desenlace, se llama azar, subconciencia o si tiene otro nombre, sólo sé que ocurre, lo quiera o no.

-  En cuanto a la estructura de este cuerpo textual  ¿siempre visualizaste como novela la unidad de tu obra, o en su transcurso tuvo algo de camino incierto?

Siempre fue el enlace de dos historias, la convergencia de dos temas que existían no por la trama argumental, sino que por la idea que subyace bajo esas anécdotas. Conocía el comienzo de la historia —que en este caso también es el final, aunque se presente al principio de la novela—, conocía a grandes rasgos sus personajes, y sabía qué era, como emotividad o sensación, lo que los había hecho llegar adonde llegan. Y justamente eso era lo que importaba, porque claro, en una novela escrita desde el final y que luego hace un gran racconto radica su peso en el proceso que lleva al desenlace y no en el desenlace mismo, es decir, se aleja del golpe efectista que podría tener un final inesperado. Sabía la sensación que pretendía generar en el eventual lector, algo como “por favor que no pase lo que ya sé que sucedió”, quería echar a andar a estos dos hombres víctimas de la vida, y jugar un poco con la emotividad de quien lo leyera.

Hay una cita de Nabokov, que no recuerdo literal pero que es más o menos así: “Todos quisiéramos que el alud que avanza en mitad de la noche y amenaza con llegar al pequeño poblado que duerme jamás llegue a destino, pero la vida no es así”.

-En la novela desarrollas la idea del viaje como detonante catártico y reflexivo, ¿es una reacción de los personajes frente a  los vínculos que quedan truncos en la atmósfera de “Fractura”?

No, para nada. Los personajes no tienen ninguna reacción posible. Sus actos son apenas gestos dentro de lo que la vida ha puesto como herramientas para ellos, son sus recursos y al mismo tiempo sus limitaciones y actúan conforme a ellas. Sus meditaciones, reflexiones, además de constituir meros actos humanos (y por ende, propios de estos personajes), están ahí para graficar en el lector los motivos que sirven de causa a los hechos que se relatan.

- ¿Qué autores influyen en tu escritura?

Actualmente lo que más influye en mi escritura es la literatura chilena. Puedo nombrar como grandes referentes a Manuel Rojas, Alberto Romero, Eduardo Barrios, Óscar Castro, Nicomedes Guzmán, Marta Brunet, entre otros tantos nombres que también considero muy valiosos. Todos ellos comparten una visión extremadamente humana del hombre, que redunda en un cariño hacia sus personajes y las penas que a estos les toca vivir y que es algo que, incluso antes de leerlos con propiedad, siempre me interesó como temática. En la época en que escribí Fractura estaban más latentes mis lecturas de Dostoievsky, Tolstoi, Chejov, Kafka, Nietzsche.

- ¿Qué tipo de lector eres? Y en relación con esto, cuéntanos sobre el aporte de loqueleimos.com, iniciativa de la que eres co-creador.

Soy un lector desbocado. También soy un relector. No soy un lector compulsivo, por el contrario, normalmente sé muy bien qué es lo que quiero leer y por qué. Tiendo a diseñarme una trayectoria literaria antes de seguirla, así, mis lecturas se relacionan entre sí de alguna manera y en mi cabeza van entretejiendo una especie de mapa de constelaciones.

Loqueleímos.com es una fantasía. Es darle muchísima importancia a algo que para nosotros la tiene pero que para la mayoría de la gente tiene muy poca o casi ninguna. E, irónicamente, nos ha hecho ir coincidiendo en el camino con otras personas que también responden a este mismo interés. ¿Qué aporte puede significar? Jamás lo sabremos, nunca habrá forma de medir de verdad si sirvió de algo, si a alguien le pareció relevante más allá de la silla de su computador, o si logró conformar realmente el primer paso para una discusión o pensamiento crítico sobre la literatura. Pero ahí estamos, porque el motivo que lo originó sigue plenamente vigente: creemos de una manera obtusa en esto que pareciera no tener demasiado valor. Y las visitas suben, y más gente llega. Eso es una alegría, porque significa que algo sucede, aunque no podamos decir a ciencia cierta qué es.

 - ¿El reconocimiento de MAGO Editores es un empuje para futuras publicaciones en narrativa? ¿Proyectas una nueva novela?

Fuera de «Fractura» tengo otras dos novelas escritas, ambas posteriores, una completamente terminada y otra que está muy cerca de su versión final. No sé si correrán la misma suerte de ser publicadas o no, es mi intención que así sea, pero claro, no depende de mí. Lo curioso es que las tres novelas se conectan entre sí de cierta manera, sin ser una la continuación de la otra; poseen personajes que sobreviven a la historia donde han originalmente aparecido, con muy distinta relevancia, y que van reapareciendo más adelante, o incluso, más atrás temporalmente hablando. Me gusta ese juego, en el que resulta algo como la creación de un único mundo, donde todo termina variando según el punto de vista desde el que se afronta y donde todo se conecta, de cierta manera.

                                                                                                     Por Grace Russell

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